Introducción

Un pequeño archipiélago, anclado en el Caribe, presume de su belleza extraordinaria y un sabor tan mítico como encantador. Sus 110 922 km² se traducen en increíble historia, ritmo y autenticidad. Eso es Cuba, un país de sentires arraigados que despierta la curiosidad y admiración de muchos.

Esta tierra es un gigante cultural que atrapa y conserva el pasado hacedor de su más genuina naturaleza. De un largo proceso de transculturación y mestizaje nació el criollo, cuyas tradiciones y creencias no olvidan siglos de esclavitud y colonización. La unión del africano con el español dotó a Cuba de un ajiaco muy peculiar donde la lengua, danza, mitología, música evocan el sincretismo perpetuo de credos y manifestaciones provenientes de otras partes del mundo.

Sin embargo, no solo los sucesos políticos o sociales acontecidos a través del tiempo construyen la historia de un pueblo. El desarrollo económico y social lo reflejan también otros hechos importantes, como la historia de las construcciones. El patrimonio arquitectónico es, entonces, otro de esos encantos que le permite al visitante foráneo viajar entre los siglos que hacen de Cuba un espacio sin igual.

Una de las principales construcciones de la Cuba colonial  fueron las iglesias, conventos y ermitas establecidas en las primeras villas por la llegada de órdenes religiosas, como los dominicos y franciscanos.

Lo que en un momento fue de embarrado y guano evolucionó en techos de madera y alfarje con tirantes pareados; en columnas salomónicas, nichos escultóricos y un mayor volumen estructural. Entre el siglo XVII de una arquitectura popular de profunda raíz mudéjar y el siglo XIX de elegante neoclasicismo, surgió en el siglo XVIII una arquitectura de definido estilo barroco, materializado en notables exponentes religiosos como la Catedral de La Habana y la Iglesia-convento de San Francisco de Asís, también ubicada en la capital.

La arquitectura barroca colonial cubana significó un amplio dominio de la forma, la exaltación del movimiento y la elaboración del ornamento, todo ello condicionado a las peculiaridades impuestas por los materiales y la mano de obra disponibles en aquella época.

Con el paso de los años, la cultura popular tradicional de Cuba aprehendió las más diversas prácticas religiosas, expresadas tanto en documentos de fuerza legal como en la existencia de disímiles instituciones y organizaciones. Esto impulsó la solidificación de nuevos templos, iglesias y casas museos de indeleble valor histórico y patrimonial.

Es así que, además de la preservación de edificaciones como el convento de Santa Clara, la Iglesia de San Francisco de Paula o la de San Ramón del Real y Militar Orden de Nuestra Señora de la Merced, nacieron reconocidas iglesias católicas entre las que se encuentran la consagrada a la Virgen de la Caridad del Cobre en la oriental provincia de Santiago de Cuba, la Iglesia Sagrado Corazón de Jesús, ubicada en la popular Quinta avenida de La Habana,  y la de Los Pasionistas,  en el capitalino municipio de Diez de Octubre.

Como muestra del amplio universo religioso que caracteriza al país existen las Sinagogas de la comunidad hebrea; las iglesias ofrecidas a la Ortodoxia, los templos de los protestantes y los santuarios dedicados a la religión afrocubana.

De diversas épocas y siglos, cada templo nos queda como el monumento a una cultura, a una religión. Cuba es una mezcla de tradiciones y profunda en legados. La identidad cubana está perneada por lo diverso y su arquitectura religiosa es prueba irrefutable de ello.