Kazanskaya: una virgen rusa en La Habana

Kazanskaya quizás sea equiparable en Rusia a lo que representa la Virgen de Guadalupe para el México de Miguel Hidalgo o la Caridad del Cobre para miles de cubanos. Es su protectora, símbolo de victoria, libertad, patrona de cientos de hogares. Cuenta la leyenda que su imagen era portada por los generales rusos en diferentes batallas y que devino objeto de devoción religiosa, debido a los milagros que a ella se le atribuyeron.

Sin dudas, resulta interesante conocer que la Kazanskaya tiene un rincón en La Habana. Este sitio está situado justo al frente del malecón habanero y lo identifica de lejos una llamativa cúpula dorada, rodeada por otras de color cobrizo, integradas en lo que se conoce como estilo bizantino, característico de las iglesias ortodoxas.

Las obras constructivas de la Sacra Catedral Ortodoxa Rusa comenzaron en 2006, aunque dos años antes nació la idea de privilegiar a la capital cubana con dicho templo. Fue en noviembre de 2004 cuando el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz se reunió con Su Eminencia Kirill, Metropolita de Smolensk y Kaliningrado y surgió la iniciativa de erigir la iglesia, como un monumento a la amistad cubano-rusa.

La primera piedra

Parecía tarea difícil llevar el arte bizantino a la capital habanera. Una de las principales preocupaciones del equipo a cargo de la edificación eran los desniveles y cúpulas que no podían romper con la imagen del casco histórico. Con tal idea, tras la demolición de dos edificios en estado crítico, ubicados en la parcela de San Pedro número 308, entre Santa Clara y Sol, un grupo multidisciplinario de la Oficina del Historiador de La Habana inició el proyecto del arquitecto general ruso, Alexei Voronsov.

Tan son solo dos días bastaron para completar el montaje de las seis cúpulas -cinco sobre el templo y una en el campanario- e igual cantidad de cruces; esta es una de las características que resaltan al interior de la iglesia. Materiales como el hormigón y el ladrillo conformaron la edificación y su extensión actualmente abarca un área aproximada de 1200 metros cuadrados. Imponentes columnas de entre 45 y 80 centímetros de ancho resisten el peso de los diámetros de los arcos y las líneas curvas.

“Todo fue muy complejo. En el proceso tropezamos con grandes problemas, porque encontramos tanques enterrados de antiguos inmuebles; se tornó necesaria la realización de estudios por parte del Gabinete de Arqueología en la etapa inicial”, relató a CubAhora Ana Luisa Pacheco, inversionista del Grupo Museo, perteneciente a la Dirección de inversiones de la Oficina del Historiador.

En conjunto con la ejecución del templo, también se reanimó su entorno, por ejemplo, en el edificio de Santa Clara se realizó una importante intervención exterior e interior; se restauraron además comercios enclavados en esa área, así como el muelle, las calles y el sistema de aguas albañales.

Lo bizantino en La Habana

San Pedro es la calle que conduce a la entrada principal de la Sacra Catedral Ortodoxa Rusa, allí descansa una escalera de granito que invita a pasar a la parte superior de la iglesia. La concepción dinámica de los elementos dispuestos propone un sentido espacial que evoca una sensación de paz y pureza. Los altos ventanales no dejan escapar la intensa luz que colma un espacio capaz de acoger aproximadamente a 500 personas.

El arte bizantino, cambiante en el tiempo en razón de las circunstancias históricas y políticas, inspiró el nacimiento de las iglesias vinculadas a la ortodoxia. La consagrada a la virgen de Kazán en Cuba no es una excepción. Por eso, los propios artistas rusos acometieron la decoración de las columnas, paredes y cubiertas.

El uso de los mosaicos como elemento estético en sustitución de las esculturas; el realce de las cúpulas abulbadas -señal de identidad de las iglesias ortodoxas- concebidas como una imagen simbólica del cosmos divino, y el sentido vertical de la construcción en detrimento de la horizontalidad precedente, figuran entre los elementos rescatados de la estructura bizantina como objeto de culto y veneración, y que igualmente están presentes en la iglesia habanera.

Al entrar, el visitante encuentra el tesoro mayor. Allí, donde el sacerdote oficia la liturgia, se empina el Iconostasio. La obra sagrada presenta la imagen de medio cuerpo de la Virgen Kazanskaya sosteniendo al Niño Jesús sobre sus rodillas, quien está casi de pie y en actitud de bendecirla. Kazanskaya es también símbolo de libertad, fortaleza, victoria, y protección para Cuba.

El templo ruso en La Habana, más que una obra bizantina monumental,  funge como puente cultural por excelencia entre las dos naciones. Es un lugar donde la cultura, la historia y lo espiritual se abrazan en armonía para Rusia, Cuba y el mundo.