La Sinagoga Beth Shalom: patrimonio de Cuba

Las sinagogas, templos de la comunidad judía, a lo largo de la historia de la humanidad han expresado por todo el mundo, el lugar y la época en que fueron levantadas. Precisamente por eso las sinagogas chinas tienen las características de las pagodas, mientras que las de la Edad Media poseen estilo morisco y gótico.

La respuesta a este fenómeno tan interesante es, sin lugar a dudas, la dispersión del pueblo hebreo durante dos mil años de exilio. Por esa causa los expertos consideran que no existe una arquitectura propia, típica de las sinagogas. En realidad esos templos se aferraron al estilo del momento y la locación en que fueron edificados, mostrándose con una rica variedad de apariencias y formas.

En el caso de Cuba sucedió exactamente igual. En nuestro país la vida religiosa judía se desarrolla en cinco sinagogas y la mayor de ellas — considerada como una de las obras arquitectónicas más importantes de La Habana— es la Gran Sinagoga Beth Shalom.

El creador de esta construcción, el arquitecto Ulises Capablanca, declaró en una entrevista con motivo del inicio del proyecto del Patronato de la Comunidad Hebrea de Cuba, que el edificio sería una expresión de la espiritualidad hebrea y que mostraría las características de la arquitectura  de la década del cincuenta en el siglo pasado.

El 17 de enero de 1953 fue colocada la primera piedra de este templo, cuyo costo ascendió a más de medio millón de pesos. En 1955 abrió sus puertas oficialmente como un impresionante complejo arquitectónico  que incluía biblioteca, aulas, oficinas, restaurante y salones para actividades.

La Sinagoga Beth Shalom está conformada con un exterior severo, donde predominan las líneas verticales, que indican el ansia de acercarse a Dios. La sencillez  del edificio, desprovisto de una ornamentación arquitectónica exagerada, es característica del estilo contemporáneo de la época en que se construyó.

Las cuatro columnas altas al frente, la escalinata a la entrada y su ancha puerta son detalles que nos indican que se trata de un recinto sagrado, en el cual los judíos elevan sus oraciones a Adonay, su dios.

Lo primero que llama la atención en la estructura es un monumental arco de hormigón fundido. Esta curva simétrica representa al arco iris que salió después de doce meses de comenzado el diluvio universal, señal de la alianza de Dios con Noé, según el Antiguo Testamento de la Biblia. El simbolismo hebreo imprime toda la edificación, orientada hacia el este para que los judíos dirijan sus oraciones a Jerusalén, la tierra prometida.

Al frente, a lo alto,  está la estrella de David,  como señal de una cultura milenaria. Las puertas,  hechas de aluminio,  llevan dos grandes figuras de bronce, en relieve, que representan dos leones, uno a cada lado de las tablas de la Ley.

Las puertas muestran imágenes de algunos elementos que identifican a cada una de las doce tribus fundadoras del pueblo de Israel. Estos decorados aluden a la más pura tradición y el sentir del pueblo hebreo desde sus orígenes.

Los leones representan al León de Judea, uno de los animales más mencionados en la Biblia, el cual representa a la fuerza, la belleza, el valor y la majestad real o divina. Otro de los símbolos presentes en este conjunto es la menorah de siete brazos, referida a la creación del mundo en siete días y los candelabros sagrados del tabernáculo y de los templos descritos en la Torá.

A la entrada de la Sinagoga se llega por una escalinata amplia y ancha, la cual da un marcado carácter espiritual y  resuelve metafóricamente el precepto talmúdico que dicta que la sinagoga debe ocupar el lugar más alto de la ciudad.  Las puertas grandes e imponentes, así como las elevadas ventanas,  simbolizan el anhelo de progreso y el hondo arraigo de los hebreos a la tierra de Martí.

En el interior del templo está la bimá en una posición jerarquizada, ya que esta es la plataforma desde donde el oficiante dirige el rezo de la congregación. También hay un lugar para el Aron Ha-Kodesh o Arca, donde son guardados los rollos de la Torá. Este último sitio está ubicado en la pared más oriental del recinto cuya ornamentación, en general, está desprovista de decorados y esculturas.

Frente al Aron Ha-Kodesh o Arca aparece el NerTamid, una luz permanentemente encendida. Este foco de luz representa al brazo más occidental de la menorah del Templo de Salomón y del Segundo Templo en Jerusalén. La sala puede acoger a aproximadamente 150 personas.

Un hermoso decorado en madera y mármol conforma el espacio interior de la instalación que posee otros importantes locales. Tal es el caso de la biblioteca, muy preciada y visitada por la comunidad de aquellos que una vez fueron conocidos como el pueblo del libro. En ella hay más de 13 mil títulos sobre el pensamiento, la historia y la vida judía, incluyendo libros en yiddish.

A mediados de los años noventa, a partir de una donación que recibió el templo, el gobierno revolucionario impulsó la restauración de la sinagoga. Con esta se agregaron elementos que inicialmente no estaban, como la estrella de David y la implementación de nuevos espacios, entre ellos las salas de computación y video.

En el centro del Vedado capitalino la Sinagoga Beth Shalom, con una impresionante arquitectura, nos recuerda el respeto hacia la cultura y la religión hebrea que siempre ha existido en Cuba.