Desde niño me han gustado los títeres. Esos personajes caricaturezcos, a veces tan divertidos, que se tornan protagonistas de las más disímiles historias. Como es de suponer, de niño mi imaginación también fue atrapada por los títeres. Soy de una generación ochentera que conoció a Toqui, Alegrina y Tristolino, el elenco de El mago del cucurucho (una versión muy cubana del Mago de Oz) y así podría seguir mencionando a la mayoría. Pero ninguno despertó tanta curiosidad como nuestro legendario niño campesino Pelusín del Monte.
Como los de mi época, conocí a Pelusín desde una pantalla de televisión en blanco y negro. Para ese entonces ya el títere y las ocurrencias muy pícaras eran épicas, haciendo especial aporte a esa cubanía tan alegre y dicharachera que nos representa. El tiempo pasó, me volví adulto por fuera, luego fotógrafo, después conocí al amigo Rubén Darío Salazar (eso también tendrá su historia), pero había algo que añoraba con toda la magia infantil que aún conservo en algún lugar bien guardada: conocer al Pelusín original.
Quiso el fortuito destino que hace solo una semana me daría tremenda sorpresa. Rubén Darío trajo consigo a Pelusín Del Monte para un programa de 23 y M. ¡Rayos! No podía creer que allí estaba, frente a mí en la mesita, luego de tanto tiempo. Me quedé absorto repasando cada detalle del títere más cubano que existe, olvidándome por un momento de todo a mi alrededor y emprendiendo ese viaje en el tiempo, hasta la raíz de mis mejores recuerdos.
"Te ha impresionado el muñeco", me dice Darío cuando notó mi extrema quietud. Pero cómo le explico a Darío que este adulto añoraba en su niñez conocer a Pelusín. Cómo le hago comprender a este genio del teatro infantil mi admiración a tanta historia titiritera, por el gran aporte cultural y patriótico de esta obra. Entonces le prometí redactar estas líneas con un propósito mayor y hace un par de días le pedí que me contara parte de la valiosa historia del Pelusín original.
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Me cuenta Darío entonces "Nació en junio de 1956. Fue creado como personaje por Dora Alonso, a petición de los hermanos Camejo y Pepe Carril, integrantes del Guiñol Nacional de Cuba, que querían un personaje cubano para su retablo. Pepe Camejo lo modeló según la estética de los años 50 y Carucha Camejo cosió su ropa de títere de guante. Sombrero, guayabera blanca, pañuelo rojo al cuello y pantalón azul. El pelo rubio quemado por el sol cual pelusas de maíz y los ojos claros como su mamá escritora, hija de inmigrantes asturianos. El títere original era animado por Pepe Carril con la voz de la actriz de radio y televisión Marta Falcón. Después fue interpretado por varios elencos titiriteros del país, desde los años 60 a la actualidad. En 1963 el Teatro Nacional de Guiñol estrenó el texto El sueño de Pelusín, también de la autoría de Dora Alonso. En toda la década del 60 lo siguieron representando en la caseta titiritera del Jardín Botánico de La Habana".
Creo que Pelusín Del Monte necesita que las instituciones culturales se propongan su conservación bajo la declaratoria de incluirse dentro del patrimonio cultural de nuestro país. Es la materialización de una obra de mucho amor dedicada a generaciones enteras de niños. Es un símbolo de lo que significa ser cubano para las infancias y de la misión cultural de identidad, de valores éticos que ello acarrea, sobre todo en estos tiempos donde la defensa de cualquier atisbo de cubanía es nuestro mejor proyectil en una contienda que pretende despojarnos de lo que realmente somos.
Entonces, amigo Darío, cómo te explico lo que un títere puede construir en un niño curioso y de cómo le enseñó a adorar a su tierra más que a nada en el mundo. Mientras tanto, gracias compa por traer a Pelusín y sin saberlo, cumplirme un sagrado anhelo de la infancia.

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