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martes, 27 de enero de 2026

Cuando el jazz vuelve a Santiago (+Fotos)

Más que otra sede del Festival Internacional Jazz Plaza, la ciudad es uno de los grandes escenarios de la cultura cubana, con su gente y su memoria sonora...

Nelson Hair Melik Marrero en Exclusivo 26/01/2026
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Cuando el jazz vuelve a Santiago (+Fotos)
Edición 41 del Festival Internacional Jazz Plaza, desde el parque Céspedes de Santiago de Cuba. (Nelson Hair Melik Marrero / Cubahora)

Desde antes de que sonara la primera nota, el ambiente anunciaba una noche distinta. El parque Céspedes, corazón histórico y simbólico de Santiago de Cuba, se transformó en escenario vivo. A su alrededor, la Catedral, la casa de Diego Velázquez y el antiguo Ayuntamiento no fueron simples testigos: formaron parte de una escena donde la música volvió a ocupar su lugar natural en la ciudad suroriental.
Santiago reconoce al jazz como a un viejo amigo, cargado de historias, memoria sonora y una energía que se aprende tanto en los conservatorios como en los espacios alternativos. Así regresó, sin alardes, como quien vuelve a un sitio conocido, Roberto Fonseca, pianista, compositor y director artístico del Festival Internacional Jazz Plaza, para abrir el camino de la edición 41 del evento con un concierto que fue celebración, diálogo y reencuentro.
“Llévame contigo a bailar, morena…”, fue la señal de inicio. Bastó ese arranque para que el público comprendiera que no estaba allí solo para escuchar, sino para participar. Fonseca no concibe la música como un acto distante: conversó, bromeó, cantó, invitó a ponerse de pie, a acompañar con palmas, a dejarse llevar.
Temas conocidos como Mambo pa’ la niña convivieron con nuevas composiciones, pensadas —según expresó— para pasar un rato agradable y disfrutar de espiritualidad, pasión y energía. Esa energía que, dijo, lo impulsa cada vez que se sube a un ómnibus rumbo a esta ciudad, a la que regresa siempre que puede, por su hospitalidad y por lo que representa para la cultura cubana.
La complicidad sobre el escenario fue evidente. A su lado, viejos compañeros de ruta reunidos en un elenco de lujo: Felipe Cabrera en el contrabajo, Ruly Herrera en la batería, Andrés Coayo en la percusión, y los trompetistas Roberto García y Lázaro Oviedo.
Pero la noche no se conformó con eso. Como si el jazz necesitara dialogar con todas sus raíces, se sumaron invitados especiales que ampliaron el paisaje sonoro: la Steel Band de El Cobre, el Coro Femenino Sirena y el coro del Conservatorio Esteban Salas. El acero, las voces, la formación académica y la tradición popular confluyeron en un mismo pulso. Santiago, una vez más, se reconocía en su diversidad.
Esa misma impresión compartió Fonseca al referirse a su encuentro, horas antes, en la Sala Dolores, con estudiantes de la diferentes niveles del Sistema de la Enseñanza Artística. “Fue muy bonito —comentó—, pero también sorprendente ver a tantos jóvenes tocar con madurez y con una voluntad de improvisar mayor que en otras ocasiones”. De esos intercambios, adelantó, podrían surgir futuros encuentros entre generaciones de creadores con las nuevas generaciones, con el objetivo de intercambiar, dialogar y compartir experiencias y consejos. 
No es casual que esta urbe ocupe un lugar especial en su universo creativo. En su música resuenan géneros nacidos aquí y las enseñanzas de figuras como Ibrahim Ferrer y Eliades Ochoa. Por eso, aún cuando transita por múltiples estilos, “de alguna manera, la música tradicional cubana siempre está presente en mis composiciones”, afirma.
Fonseca concibe al Jazz Plaza como algo más que un festival. Para él, es un espacio de encuentro, una gran fiesta donde conviven estilos y lenguajes culturales sin perder identidad. “La salud del jazz en Cuba está muy bien”, asegura, convencido de que se puede dialogar con el mundo sin renunciar a lo que somos.
La noche tuvo, además, un momento para el reconocimiento de varias instituciones y organizaciones, entre ellas, la Asociación Hermanos Saíz en esta provincia le otorgó el Premio Especial El Creador, por su aporte a la música cubana y su acompañamiento constante a las nuevas generaciones.
Santiago, orgullosa, hospitalaria y musical, no es una sede más del Jazz Plaza: es uno de los grandes escenarios de la cultura cubana, con su gente y su memoria sonora. Por eso, al decir del reconocido pianista, “hay que sentirse orgulloso de ser santiaguero”. Esa noche, muchos lo fueron, incluso sin haber nacido aquí.

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Nelson Hair Melik Marrero


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