El cine independiente cubano es una expresión de la diversidad y creatividad de los cineastas que buscan contar sus propias historias sin depender de la industria nacional o de los circuitos comerciales. En Cuba, esas obras reflejan la realidad, cultura e identidad de un pueblo que ha vivido momentos históricos, sociales y políticos muy complejos.
En esta entrevista, el director, guionista y profesor Luis Abel Oliveros comparte su visión sobre esta forma de expresión que cada día gana más auge en la nación caribeña.
—¿Qué se entiende por “cine independiente”?
—Es un concepto bastante complicado, pero básicamente es todo aquello que se produce o realiza por medios propios y fuera de las instituciones productoras de audiovisuales, en nuestro caso, fuera del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic).
—¿Existe cine independiente en Cuba?
—Hay un cine que quiere llamarse independiente, porque los creadores consiguen el financiamiento lejos de la institucionalidad, incluso de centros promotores del arte y audiovisual joven como la Asociación Hermanos Saíz.
Casi siempre está detrás una institución, embajada, organización o fondo, lo que origina un cine alternativo. También algunas entidades gestionan la documentación requerida para poder avanzar con el rodaje.
Al solo hecho de ser independiente no se le puede adjudicar valores artísticos, hay que evaluarlo desde los conceptos, categorías y estéticas del audiovisual. Hacer este tipo de cine es muy difícil tanto en Cuba como en el mundo, por lo cual producir, realizar y llevar una película a festivales lo dota de valor.
Los realizadores buscan esa manifestación pues sienten más libertad creativa para producir historias que no les interesan a las entidades; así funciona en Cuba y en el mundo. Cuando tienes otras inquietudes precisas de encontrar alguna manera de hacer tus proyectos.
Se es independiente, además, cuando no devengas todos los meses un salario de una institución, en este caso eres un freelance.
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Las escuelas de cine agilizan el aprendizaje de varias herramientas, pues cuando no vienes de ese mundo tienes que aprenderlas sobre la marcha. Los creadores sin formación académica también realizan materiales de elevado nivel artístico y estético por estar desprovistos de estereotipos y de estructuras rígidas con las cuales exploran otros arquetipos.
—¿Cómo se comporta esta forma de realización en el país?
—Fuera de La Habana se crean audiovisuales muy interesantes, con estructuras narrativas complejas, atractivas y apegadas al cine. Pero, al no tener la Muestra Joven Icaic, y pese a existir otros eventos, no se sabe qué sucede en el resto del territorio nacional con esta forma de realización. Es preciso un momento del año dedicado a reunirse con los nuevos cineastas y conocer sus inquietudes en todos los géneros del séptimo arte.
—¿Existe una estética surgida de la independencia o es la consecuencia de un movimiento económico?
—Sí creo, y probablemente me arrepienta de decirlo, que hay una mirada hacia las formas. La nueva generación de cineastas está muy consciente de la importancia de la fotografía, del uso del buen sonido, de la buena edición, y no solo se concentran en el contenido.
El cine se estaba quedando en la historia, la cual existía más allá de la realización de la película, lo que llevaba a cuestionarse: ¿qué aporta el realizador en este sentido? La respuesta es muy fácil: el buen uso del lenguaje audiovisual. Una buena obra debe tener una trama interesante y un buen uso del lenguaje fílmico.
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En el mundo actual no es tan importante lo que dices, sino cómo lo dices. La juventud entiende otras maneras de relatar, confrontar, subvertir la imagen, de ahí la utilidad de emplear el sonido de manera narrativa y romper las estructuras básicas. Todo esto marca una nueva forma de hacer y diferencia los modos de crear.
Esta forma de creación siempre ha existido y persistirá. Ahora hay mecanismos a través de los cuales se le otorga dinero al creador para que produzca y entregue una obra sin estar completamente apegado a las rutinas productivas del cine institucional.
—¿Qué opinas del Fondo de Fomento de Cine?
—Este Fondo es algo maravilloso, una apuesta acertada y positiva, que brinda libertades temáticas, de contenido y formatos, y propicia que profesionales del sector presenten proyectos novedosos.
Asimismo, siento que no siempre me entero de lo acontecido con las obras premiadas. Desconozco si se producen realmente los guiones galardonados, y quisiera saber dónde están esas obras, aunque muchas se deben estar realizando ahora, pues el Fondo es relativamente joven.
—Si el Fondo de Fomento de Cine pertenece al Icaic, ¿al aplicar a él se cuestionaría la tan discutida “independencia”?
—El Fondo constituye una manera, desde la Industria, de ayudar a ese cine que se hace fuera de ella. Es una vía que permite producir y encontrar parte de los fondos, lo cual es válido y no significa que como realizador no puedas seguirte considerando freelance, pero tu película ya no lo es tanto, y ahí radica la diferencia, para mí.
El futuro del cine independiente es emocionante e impredecible, pese a los desafíos de financiamiento y distribución, su impacto cultural y capacidad para abrir diálogos críticos son innegables. Como cualquier forma de arte, su interpretación y apreciación son subjetivas, pero es importante seguir apoyando y celebrando esta expresión artística, reconociendo su valor en el panorama cinematográfico.
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