El cáncer de pulmón se desarrolla a lo largo del tiempo debido a cambios genéticos y moleculares en las células del tejido bronquial, las cuales comienzan a multiplicarse sin control. Al principio, pueden aparecer alteraciones precoces o displasias en el revestimiento de los bronquios, que evolucionan hacia un carcinoma in situ. Con el paso del tiempo, estas células malignas invaden los tejidos adyacentes, cruzan la membrana basal y dan lugar a un tumor primario que podría bloquear los bronquios, causando síntomas como tos persistente, dificultad para respirar o esputo sanguíneo.
A medida que el cáncer progresa, las células tumorales desarrollan la capacidad de dispersarse a través de la sangre o el sistema linfático, produciendo metástasis en ganglios linfáticos, cerebro, huesos, hígado u otros órganos. En esta fase, los síntomas se vuelven más amplios y severos, incluyendo pérdida de peso, cansancio extremo y dolor en huesos o nervios, dependiendo de la región afectada. La evolución natural del cáncer de pulmón, si no recibe tratamiento, tiende a ser progresiva y agresiva, y el pronóstico se relaciona con el tipo de células (pequeñas o no pequeñas) y el estadio clínico en el momento del diagnóstico.
- Consulte además: Desarrollos en la terapia de radiación para el cáncer de pulmón
Cómo puede prevenirse un cáncer de pulmón
La prevención del cáncer de pulmón se centra principalmente en eliminar los factores de riesgo identificados, siendo el tabaquismo la principal causa. Dejar de fumar o no iniciar el hábito es la forma más efectiva de disminuir el riesgo. El humo del tabaco contiene miles de sustancias nocivas y cancerígenas que afectan las células pulmonares, promoviendo la aparición de mutaciones malignas. El humo de segunda mano también puede ser dañino, por lo que es importante evitar lugares donde se fume como una forma de protección adicional.
Otra estrategia de prevención es limitar la exposición a contaminantes y sustancias tóxicas en los espacios laborales y en el hogar. Materiales como el asbesto, el radón, el arsénico o los gases de escape de vehículos diésel están asociados con un mayor riesgo de cáncer de pulmón. Mantener una buena ventilación en interiores, instalar detectores de radón en las viviendas y seguir las regulaciones de seguridad en el trabajo ayudan a reducir estos peligros.
Adoptar un estilo de vida saludable también favorece la prevención. Una dieta equilibrada, rica en frutas, verduras y antioxidantes, fortifica el sistema inmunológico y protege las células del daño. Realizar ejercicio con regularidad y mantener un peso corporal adecuado son factores que ayudan a reducir el riesgo de varios tipos de cáncer, incluido el de pulmón.
Finalmente, las revisiones médicas y la detección temprana son fundamentales, especialmente para aquellos con altos factores de riesgo, como los fumadores o exfumadores de larga duración. En ciertas circunstancias, los médicos pueden sugerir estudios por imágenes, como una tomografía computarizada de baja dosis, para identificar lesiones en etapas tempranas. Prevenir el cáncer de pulmón requiere, en su conjunto, adoptar hábitos saludables, reducir la exposición a contaminantes y mantener una adecuada vigilancia médica
- Consulte además: Los peligros del consumo de tabaco y entre ellos el cáncer de pulmón

Términos y condiciones
Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.