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viernes, 5 de junio de 2026

El apagón de la botella

Cuando todo parecía estar dicho sobre la no aplicación de ese gesto solidario, hoy existe un nuevo elemento...

Félix Arturo Chang León
en Exclusivo 05/06/2026
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El apagón de la botella
La falta de sentimientos no resulta inesperada para muchos. (Alfredo Lorenzo Martirena Hernández / Cubahora)

Mucho se ha hablado y escrito sobre dar botella por parte de quienes utilizan vehículos automotores estatales a necesitados de trasladarse en cualquier medio ante la falta de transporte público, y pareciera que todo está dicho, pero hay un nuevo elemento.

Además de la abrumadora cantidad de comentarios callejeros, la prensa en todos sus soportes también ha abordado el tema y le ha dado voz a quienes opinan sobre las causas por las que debe practicarse ese gesto solidario.

También es abundante el número de quejas, y no se quedan atrás los volúmenes de improperios ante quienes dejan al prójimo empantanado en las orillas de los caminos y las carreteras, los puntos de recogida y terminales de ómnibus.

Tampoco han faltado las acciones institucionales de organizaciones que dedicaron reuniones a debatir el asunto, así como medidas implementadas hasta a nivel local adecuadas a las características de cada zona.

Esos intentos se han publicado en la prensa, al igual que ejemplos personales incluso de personas que por razones de seguridad no debieran de llevar desconocidos en los vehículos donde viajan, pero lo han hecho.

Este mismo espacio ha tratado el tema en varias oportunidades donde se ha reflejado que choferes o personas a las que se les asigna el vehículo explican que dar botella impide hablar en privado y conversar sobre asuntos confidenciales que son necesarios tratar.

También dicen que detenerse varias veces en el trayecto les provoca llegar tarde a sus reuniones o visitas de trabajo, lo cual parece indicar que laboran intensamente, sin descanso, y tienen cronometrado el tiempo de viaje.

No faltan quienes argumentan que les tiran la puerta y maltratan los mecanismos de las ventanillas, que traen objetos que rompen los asientos o los ensucian, y que montan sin saludar y se bajan sin siquiera dar las gracias.

Para garantizar el uso óptimo de los vehículos estatales se han establecido mecanismos de control como las hojas de ruta que se burlaban en los puntos de recogida al plasmar destinos de cortísima distancia para no dar botella hasta donde iban.

Los inspectores chequeaban las capacidades libres, pero los adueñados de los carros los ocupaban con cajas que hasta podían estar vacías y las armaban para no dejar espacios mediante ardides repudiables.

Nadie puede negar que los inspectores conocidos como amarillos por su uniforme de ese color, han facilitado la solución de trasladarse a millones de personas a pesar de las violaciones practicadas de manera burda o elegante.

Aunque ya desde mucho antes había adelantos indicadores de que vendría una agudización de la crisis en los servicios de transporte público de pasajeros (y de todo tipo) por roturas, carencias de combustible y lubricantes, el escenario ha empeorado.

En este contexto aparece el nuevo elemento. Si las presiones del presidente de los Estados Unidos Donald Trump de impedir la entrada de combustible están dirigidas a paralizar todo lo que lo requiera recursos energéticos para funcionar, no debemos ayudarlo en sus propósitos.

No aprovechar plenamente las capacidades de los medios de transporte refuerza las medidas trumpistas, por lo cual es oportuno este nuevo enfoque: dar botella es un acto de resistencia.


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Félix Arturo Chang León

Periodista cubano de origen chino que nació y vive en Cuba. Santa Clara. Dirigió el periódico Vanguardia durante 16 años.


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