La trigésima Conferencia de las Partes de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30), celebrada en noviembre de 2025 en Belém, Brasil, se configuró como un escenario crucial para la diplomacia climática global. Con más de 56.000 delegados registrados, esta cumbre se posicionó como una de las más concurridas en la historia de estas negociaciones. En este contexto, la delegación cubana desarrolló una intensa agenda centrada en proyectar sus avances en política ambiental, asegurar nuevas alianzas de cooperación y abogar por un financiamiento climático más justo para las naciones más vulnerables.
Durante su intervención en el segmento de alto nivel la delegación de Cuba dejo clara su postura. El Dr.C. Eduardo Martínez Díaz, vice primer ministro, utilizó esta plataforma para reclamar con firmeza el acceso y la ampliación del financiamiento climático destinado a los países menos desarrollados, en particular los pequeños estados insulares como Cuba, en sus declaraciones el funcionario estableció que estos eran los más perjudicados por un fenómeno que no han generado, al no formar parte del grupo de grandes emisores de contaminación.
Desde la perspectiva cubana, la respuesta global al cambio climático ocurre en un contexto internacional desfavorable, donde las causas estructurales de la crisis no han sido abordadas. En sus declaraciones, el representante criticó la persistencia de "patrones de consumo y estilos de vida insostenibles que consolidan la desigualdad", herederos de un "pasado colonial que aún hoy perpetúa las desigualdades entre nuestras naciones". La paradoja señalada establecía que mientras se desvían recursos hacia planes de guerra, se abandonan las obligaciones financieras que impulsarían una mejoría de la situación climática del planeta.
Esta visión fue reforzada por el ministro de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), Dr. C. Armando Rodríguez Batista, quien subrayó que para Cuba el cambio climático "no es solo un desafío global, sino una cuestión de supervivencia". Rodríguez Batista destacó el marco legal nacional, incluyendo la nueva Ley de Ciencia, Tecnología e Innovación, como una herramienta orientada a fortalecer las capacidades para la mitigación y la adaptación, con un enfoque prioritario en los territorios más vulnerables.
Cuba llevó a Belém evidencias de su acción para contrarrestar los efectos del cambio climático. En el evento se presentó el Proyecto Mi Costa, una iniciativa financiada por el Fondo Verde del Clima e implementada junto al Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Agencia de Medio Ambiente de Cuba. Según explicó su director nacional, José Manuel Guzmán Menéndez, el proyecto ha desarrollado una metodología innovadora para la restauración hidrológica de los humedales costeros, que representan ecosistemas vitales para la protección contra la elevación del nivel del mar y la penetración del mismo en zonas bajas.
Mi Costa, que alcanza a siete provincias y 24 municipios, ha fortalecido el sistema de monitoreo, vigilancia y alerta temprana de cuña salina, agrometeorológico, corales, pastos, arrecifes y manglares. Su ambición es considerable: busca beneficiar de manera directa a 1,3 millones de personas, construyendo resiliencia comunitaria ante el cambio climático de aquí al 2030. Como legado técnico, el proyecto tiene como aspiración generar dos nuevas normas cubanas: una sobre los términos y definiciones de la elevación base del ecosistema, y otra sobre el caudal ecológico, fundamental para planificar la gestión hídrica en un contexto de cambio climático.
Junto a Mi Costa, se presentó el proyecto AdaptHabana, que formula un Plan de Adaptación para la Zona Costera de La Habana. Esta iniciativa, que también cuenta con apoyo del Fondo Verde del Clima, integra la evaluación de riesgos climáticos a mediano y largo plazo con decisiones de inversión en el proceso de planificación del desarrollo urbano, involucrando a los actores locales y nacionales.
La labor de la delegación cubana en la COP30 se caracterizó por una búsqueda intensa de nuevas relaciones. En el marco del evento se desarrollaron un grupo de conversaciones y acuerdos basados en una estrategia para obtener financiamiento y herramientas que permitan gestionar los complejos problemas ambientales de la isla.
Uno de los hitos fue la celebración de la tercera reunión del Comité Mixto con el Ministerio de Medio Ambiente y Seguridad Energética de Italia (MASE). En este marco, se aprobó el proyecto “Promoviendo la asociación para una transición para una economía circular en Cuba”, que será implementado con apoyo de la ONUDI. Sus objetivos son: establecer una red de laboratorios para apoyar iniciativas de economía circular, crear un Centro Regional de Economía Circular en Sancti Spíritus y fortalecer el marco normativo cubano mediante la transferencia de mejores prácticas italianas.
Adicionalmente, se aprobó el proyecto “Catalizando la inserción de Cuba en el mercado de carbono”, presentado por la recién creada Unidad Técnica de Mercados de Carbono asociada a Cubaenergía. Este mecanismo es visto por la delegación cubana como una "gran oportunidad de desarrollo" y una "palanca" para obtener recursos económicos que luego puedan reinvertirse en la transición energética del país.
Las delegaciones de Cuba y República Dominicana firmaron un memorando de entendimiento con el objetivo de cooperar en la conservación de ecosistemas, la protección de la biodiversidad, la prevención de la contaminación por plásticos y el fortalecimiento de los sistemas de alerta temprana ante eventos extremos. Asimismo, se estableció un acuerdo de cooperación climática con Brasil, enfocado en la protección del medio ambiente.
Estos esfuerzos se enmarcaron en una ruta de trabajo más amplia con actores clave. La delegación cubana sostuvo también un encuentro con el enviado especial de la República Popular China, Liu Zhenmin, para establecer puntos de colaboración en mitigación. Lyes Ferrouki, líder regional del PNUD para América Latina y el Caribe llevo a cabo conversaciones con la delegación cubana con el fin de evaluar una década de colaboración y avanzar en una ruta actualizada para acceder a nuevos mecanismos financieros internacionales, como el Fondo de Pérdidas y Daños.
Aunque los resultados finales de la COP30 quedaron por detrás de las expectativas iniciales, como señaló el canciller cubano Bruno Rodríguez, la cumbre de Belém demostró, una vez más, la importancia del multilateralismo para abordar desafíos globales como el cambio climático.
Para Cuba, esta conferencia fue un espacio para proyectar su modelo de gestión climática, basado en la ciencia y la cooperación internacional. A través de una diplomacia científica y una narrativa que enfatiza la justicia climática, la isla logró posicionar sus proyectos bandera, asegurar valiosas alianzas bilaterales y dejar constancia de la urgencia de que el financiamiento prometido fluya hacia los países que, como Cuba, enfrentan en primera línea las consecuencias de un planeta que se recalienta.

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