El doctor Carlos no usa pinceles ni óleo. Sus “lienzos” son placas de Petri y sus “pigmentos” son bacterias extraídas de heridas infectadas, forúnculos y sepsis urinarias. Su taller es un laboratorio de microbiología, parte del complejo hospitalario Salvador Allende, mejor conocido como la Covadonga. Cuando no está allí trabajando, está en la cocina cultivando su otra pasión que lo llevo a convertirse en chef hace algunos años.
Carlos es microbiólogo de formación, pero un artista por accidente. Todo comenzó en 2002, mientras veía un programa de televisión sobre naturaleza y arte. En ese momento pensó que lo que otros hacían con tintas y acuarelas podría hacerse también con bacterias. Utilizando los medios de cultivo disponibles empezó a jugar con este nuevo tipo de arte. “Yo no soy pintor”, aclara mientras relata que sus primeras obras nacieron desde la empírea: “un rostro de algo, bolitas, palitos”. Después fue perfeccionando la técnica y entendiendo que el dibujo cambiaba con el tiempo y dependía de las materias primas que incorporaba en sus cultivos.
Hoy, el doctor Carlos pinta con los mismos instrumentos de diagnóstico: asas, agujas, jeringuillas y pipetas. El medio de cultivo que más usa es el agar MacConkey, específico para bacterias gramnegativas. Hay algo que es inevitable en este tipo de obras, debido a su naturaleza biológica son muy efímeras, no se pueden conservar más de 72 horas, incluso en vitrinas refrigeradas. Con el paso del tiempo, los microorganismos continúan creciendo, se pierde claridad en la imagen y, finalmente, las placas deben desecharse por seguridad. Las obras originales se desechan en el departamento de preparación y desinfección, donde se elimina el medio, se friegan las placas y se esterilizan los instrumentos. “Es la fotografía la que permite perpetuar mi obra”, dice.
El proceso de creación no es azaroso. Primero selecciona la bacteria y el medio, luego procesa mentalmente lo que va a hacer. ¿Será una obra figurativa o abstracta? Después decide qué herramientas usará. Sobre su estilo artístico, el doctor Carlos es claro: prefiere los dibujos abstractos. “Yo soy una persona muy irreverente. Me gustan los abstractos porque permiten que las personas le asignen su propio significado a lo que ven. El arte deja de depender del pintor y pasa al entendimiento del espectador. La interacción con la obra y la imaginación de quien la ve es muy interesante para mí”. En los dibujos figurativos tiene más control, calcula que un 60% de responsabilidad, pero los abstractos fluyen con mayor libertad.
Carlos trabaja con bacterias patógenas extraídas de muestras clínicas reales. Por eso las medidas de seguridad son muy importantes. Todo se hace cerca de los mecheros para trabajar en un área lo más estéril posible, también se tiene mucho cuidado a la hora de manejar las placas y los medios de cultivo que nunca deben tocar la piel. En medio de la entrevista el doctor hace una aclaración, “estas bacterias no se transmiten por aerosoles aéreos; esta característica permite en microbiología identificarlas por sus olores”.
A lo largo de los años, el doctor Bacteria, conocido en Instagram como @doctorbacteria69, ha expuesto en varios espacios. La primera muestra fue en el Museo de Ciencias Naturales, donde tuvo la posibilidad de exponer las placas originales, que se encontraban protegidas biológicamente. “Niños y adultos estuvieron muy interesados en esa exposición”, recuerda. También presentó su arte en el sótano del Teatro Nacional, donde incursionó en esculturas de yeso con formas de bacterias a gran tamaño, combinando las fotografías con las piezas tridimensionales. Otras exposiciones ocurrieron en la Casa Alejandro de Humboldt y en el Hotel Nacional (2007). La más reciente fue en la Casa de la Cultura de 10 de Octubre, después de la pandemia.
Cuenta el artista que no todo fue fácil a la hora de exhibir su arte. “Costaba trabajo realizar las exposiciones precisamente por el miedo de las personas a las bacterias”, admite. Por eso, en sus muestras coloca un libro para que los visitantes escriban sus opiniones y él retroalimentarse de como los demás perciben sus obras.
Otro de los proyectos del Dr. Carlos es el libro Aprendiendo a convivir con las enfermedades infecciosas, aún no publicado, dedicado a un público joven en la edad idónea para comenzar a conocer sobre como convivir con estos padecimientos, las etapas de las infecciones y cómo manejarlas de forma sencilla. Y aunque su trabajo es ciencia pura, considera que el arte con bacterias es una forma de acercar los dos campos y aumentar el interés y el conocimiento de las personas en el campo de la microbiología.
Cada una de sus obras es única e irrepetible. Y aunque la mayoría de sus creaciones han sido en placas Petri, ahora está experimentando con esculturas en agar, sacando el arte de la placa y trabajando con moldes. Uno de sus sueños es llevar sus obras a un formato textil, plasmando las fotos de sus trabajos en tela. También le gustaría seguir explorando las posibilidades: “Esto es infinito, se pueden hacer muchas cosas. En este momento no hay disponibilidad de muchas cosas en el laboratorio, la situación técnica se complica, pero igual intento seguir trabajando en mi arte”.
Para el doctor Carlos, la ciencia, la cocina y la cultura son una sola. Y aunque sus cuadros vivos duren apenas días, él sigue sembrando bacterias con la paciencia de un chef que emulsiona una vinagreta y la irreverencia de quien sabe que el arte, como los microbios, también puede estar vivo.

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