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miércoles, 11 de febrero de 2026

Crónica de la fruta madura

La "fruta madura", rota por las manos del imperio, germinaría en una tierra horadada por décadas de relación compleja, amor-odio entre dos naciones destinadas por la geografía a mirarse constantemente a los ojos, separadas por apenas 90 millas de mar y siglos de percepciones encontradas...

Reynaldo Zaldívar en Exclusivo 11/02/2026
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Crónica de la fruta madura
Imagen generada con IA

Los barriles de azúcar pasan de una mano a otra en los puertos de La Habana, Santiago y Nueva York. Los barriles de azúcar bajo el sol caribeño. Son los primeros intercambios entre comerciantes de las colonias norteamericanas y la inamovible Cuba (1760-1818).  Este flujo, que en sus inicios burlaba los impuestos de la corona española, tejía los primeros hilos de una conexión que pronto dejaría de ser solo mercantil. Para los recién independizados Estados Unidos, Cuba ya no era solo un proveedor; empezaba a ser vista como una pieza geopolítica.

La narrativa histórica muestra que este interés no fue tardío. Desde sus primeros días, las élites políticas estadounidenses miraron hacia el sur con una mezcla de deseo y cálculo. Lo que comenzó como un interés comercial se transformó, en el discurso de sus fundadores, en un "destino manifiesto".

Acto I: Doctrina de la caída inevitable (1820-1854)

En 1820, Thomas Jefferson, ya retirado de la presidencia,  le comenta al Secretario de Guerra John C. Calhoun: Cuba es "la adición más interesante" al sistema estadounidense, y debe tomarse "a la primera oportunidad". No es un comentario aislado, sino la expresión temprana de una visión que tomaría forma doctrinal tres años después.

En 1823, John Quincy Adams, entonces Secretario de Estado, da nombre a la ambición. En su despacho en Washington, articula la "Política de la Fruta Madura": Cuba, por "leyes políticas y gravitacionales", terminará cayendo en las manos de Estados Unidos cuando madure su separación de España. La metáfora es poderosa: sugiere inevitabilidad, naturalidad. La fruta no se arranca verde; se espera paciente, confiado en que caerá por su propio peso.

La escena se traslada a 1854, a la ciudad belga de Ostende. Tres diplomáticos estadounidenses —Pierre Soulé, James Buchanan y John Y. Mason— redactan en secreto un documento explosivo: el Manifiesto de Ostende. Ofrecen comprar Cuba a España por 130 millones de dólares. El argumento es pragmático: si España se niega y la "inestabilidad" en Cuba amenaza los intereses estadounidenses, "por ley humana y divina" estaríamos justificados en arrebatársela, todo en nombre de la "seguridad nacional". 

Cuando el manifiesto se filtra a la prensa, el escándalo es monumental. Los abolicionistas del norte ven en Cuba otro estado esclavista potencial. El proyecto se hunde, pero la intención queda registrada.

Acto II: La llave del Golfo (1881-1897)

Avanzamos a 1881. James G. Blaine, Secretario de Estado, escribe con convicción: “Esa rica isla, llave del golfo de México y campo de nuestro más extendido comercio en el hemisferio Occidental es, aunque esté en manos de España, una parte del sistema comercial americano (…) si alguna vez cesa de ser española, Cuba tiene necesariamente que ser americana y no caer bajo cualquier dominación europea”.

Para entonces, los datos económicos dan solidez retórica a sus palabras: el 82% de las exportaciones cubanas ya tienen como destino los Estados Unidos. Cuba se ha convertido, de facto, en un apéndice económico del coloso del norte.

En los campos cubanos, esta dependencia tiene rostro concreto. Tras la Guerra de los Diez Años (1868-1878), muchos criollos arruinados venden sus tierras a precios de liquidación. Los capitales estadounidenses fluyen hacia el archipiélago: compran centrales azucareros, fincas tabacaleras, minas. La integración es tan profunda que cuando estalla la última guerra por la independencia en 1895, los intereses económicos estadounidenses en Cuba son ya inmensos. Sus barcos llevan el azúcar, sus bancos financian las cosechas, sus ferrocarriles transportan la caña.

La oficina oval, 1897. El presidente William McKinley, un hombre pragmático, intenta el camino ya ensayado: ofrece a España 300 millones de dólares por la nación caribeña. Es el precio más alto jamás ofrecido por un territorio. España, herida en su orgullo imperial, se niega. La "fruta" no se puede comprar; habrá que tomarla por la fuerza.

Acto III: La caída (1898)

El 15 de febrero de 1898, una explosión monumental ilumina la noche en el puerto de La Habana. El acorazado Maine, enviado en una "visita de cortesía" para proteger ciudadanos estadounidenses durante la revuelta independentista, estalla misteriosamente. "¡Recordad el Maine! ¡Al infierno con España!" se convierte en el grito de guerra.

La intervención es rápida y decisiva. En solo cuatro meses, la obsoleta flota española es aniquilada en Santiago de Cuba y Manila. Estados Unidos interviene en una guerra que los cubanos tenían ganada por sus propios medios. Tras la firma de la paz, España renuncia a Cuba... que pasa a ser ocupada por el ejército estadounidense.

La ocupación militar (1898-1902) sella el destino largamente planeado. Se impone la Enmienda Platt a la nueva constitución cubana, otorgando a Estados Unidos el derecho de intervenir en la isla cuando lo juzgue necesario y arrendando indefinidamente la base de Guantánamo. La "fruta madura" ha caído finalmente, pero no en las manos de los independentistas cubanos que por tantos años lucharon por ella, sino en las del imperio que pacientemente esperó su maduración.

Acto IV: El precio de germinar 

La crónica de estos primeros intereses revela un patrón persistente: Una ambición anunciada, pacientemente cultivada y finalmente concretada. Lo que comenzó como metáfora en los despachos de John Quincy Adams terminó como realidad geopolítica en los campos de batalla de 1898. El interés temprano de Estados Unidos por Cuba no fue un capricho momentáneo, sino un proyecto de larga duración que combinó visión estratégica, expansión económica y oportunismo político.

Esta narrativa fundacional marcaría, como un ADN histórico, toda la relación bilateral del siglo XX, desde la República mediatizada hasta la Revolución de 1959, la posterior confrontación durante la Guerra Fría y la tensa situación actual. La "fruta madura", rota por las manos del imperio, germinaría en una tierra horadada por décadas de relación compleja, amor-odio entre dos naciones destinadas por la geografía a mirarse constantemente a los ojos, separadas por apenas 90 millas de mar y siglos de percepciones encontradas.


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Reynaldo Zaldívar

Escritor y martiano. Papá de Salma.


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