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lunes, 25 de mayo de 2026

 Un legado que se ve y se siente (+Video)

 África está en el ADN de quienes nacimos en la mayor de las Antillas...

Cubahora en Exclusivo 25/05/2026
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África está en el ADN de quienes nacimos en la mayor de las Antillas...
África está en el ADN de quienes nacimos en la mayor de las Antillas...

Que Cuba es un crisol de razas lo sabe cualquiera, pero lo que la mirada no siempre alcanza a descifrar lo revela la genética: quienes nacimos en Cuba tenemos, según varios estudios de ascendencia, un alto por ciento de marcadores africanos en nuestro ADN.

La trata trasatlántica de esclavos, que durante más de tres siglos trajo a la fuerza a cientos de miles de hombres y mujeres del África subsahariana –yorubas, congos, carabalíes, ararás, entre muchos otros grupos–, no solo pobló los ingenios azucareros y los puertos. También dejó una huella imborrable en los cromosomas de quienes hoy nacen en el archipiélago.

La genética, que no miente ni se deja llevar por las apariencias, confirma lo que la cultura ya cantaba a gritos. Los tambores batá, la santería, el idioma, el sabor de la comida, el ritmo del son y la manera de caminar: todo eso tiene un mapa que empieza en África. Y ese mapa no es solo cultural. 

Ese ADN africano no es un adorno ni una curiosidad académica. Es memoria viva. Es resistencia. Porque esos genes cruzaron el Atlántico en condiciones inhumanas, sobrevivieron a siglos de esclavitud y a más de un siglo de racismo estructural, y aún así están aquí, latiendo en cada cubano que nace.

Lo africano en el contexto cubano no es un capítulo de la historia. Es una presencia activa, cotidiana, a veces silenciada por discursos que prefieren ver la nación como una prolongación de Europa. Y eso no es una metáfora. Es una verdad biológica que debería bastar para que cualquiera entienda que Cuba, sin África, sencillamente no se explica.

Así que cuando alguien pregunta qué tiene de africano el cubano, la respuesta es casi todo. Porque el ADN no olvida. Y el de Cuba, décima tras décima, tambor tras tambor, lleva muy adentro el latido de un continente entero.

 


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