La enfermedad renal crónica en sus fases avanzadas es el momento en el que los riñones han perdido una parte significativa de su capacidad para filtrar la sangre y lograr el balance de líquidos, electrolitos y desechos en el cuerpo. Esta etapa se asocia comúnmente con los niveles 4 y 5 de la enfermedad renal crónica, en la que la función renal es gravemente afectada. Este problema suele desarrollarse de manera gradual debido a afecciones como la diabetes, la hipertensión, las glomerulopatías u otros trastornos renales. A medida que progresa, pueden presentarse síntomas como cansancio, retención de líquidos, falta de apetito, náuseas, problemas respiratorios y cambios en la presión arterial.
El diagnóstico se realiza mediante la medición de la tasa de filtración glomerular, la detección de proteínas en la orina y otros análisis de laboratorio y estudios por imágenes. El tratamiento busca ralentizar la evolución de la enfermedad, manejar las complicaciones y mejorar la calidad de vida a través de modificaciones en la dieta, el uso de medicamentos y atención médica especializada. En situaciones donde los riñones no son capaces de satisfacer las necesidades del organismo, puede ser necesario comenzar terapias de reemplazo renal, como la diálisis o un trasplante de riñón.
Cómo debe ser la nutrición en estos enfermos
La alimentación para quienes padecen enfermedad renal crónica en etapas avanzadas debe personalizarse según las necesidades de cada paciente, buscando frenar el avance del daño en los riñones, controlar síntomas y evitar problemas como la desnutrición. Es crucial que la dieta sea diseñada por un profesional de la salud, ya que los requerimientos nutricionales pueden cambiar según el estado clínico, la función renal que aún persiste y la existencia de otras condiciones como la diabetes o la hipertensión.
Se suele reducir moderadamente el consumo de proteínas para limitar la acumulación de desechos que los riñones no pueden eliminar adecuadamente. Sin embargo, es fundamental que las proteínas consumidas sean de alta calidad biológica, provenientes de huevos, pescado, pollo o carnes magras. Además, es esencial asegurar una ingesta adecuada de energía a través de carbohidratos y grasas saludables para prevenir que el cuerpo utilice las proteínas como fuente de energía.
En esta fase de la enfermedad, es crucial controlar la ingesta de sodio, potasio y fósforo. Disminuir el sodio ayuda a regular la presión arterial y la retención de líquidos, mientras que limitar el potasio reduce el riesgo de problemas cardíacos. Asimismo, restringir el fósforo ayuda a prevenir afecciones óseas y del sistema cardiovascular. Dependiendo de la situación del paciente, también puede ser necesario gestionar la cantidad de líquidos para evitar la sobrecarga de volumen.
Además de cumplir con las sugerencias alimenticias, es crucial tener revisiones regulares con el personal de salud para valorar la situación nutricional y modificar la dieta de acuerdo con el avance de la enfermedad. La formación en nutrición, el seguimiento de los resultados de los análisis clínicos y el cumplimiento del tratamiento contribuyen a mejorar la calidad de vida, retardar el avance de la enfermedad renal y preparar al paciente para una eventual terapia de sustitución renal, como la diálisis o el trasplante, si es que se requiere.
- Consulte además: Al consumir menos sal se orina menos de noche

Términos y condiciones
Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.