¿Tener hijos nos hace débiles o fuertes? Me lo he preguntado mucho desde que fui madre por primera vez; y, en mi caso, me sentí así desde el día en que el médico me dijo que estaba embarazada.
Era tan poco el tiempo de gestación, que el corazón de mi hija ni siquiera había despertado a latir todavía; pero el ansia de proteger aquel sueño despertó en mí con fuerzas que me eran desconocidas. Todo lo demás pasó a un segundo plano.
Viví aquellos meses con un miedo profundo, temiendo malas noticias, percances… y luego del nacimiento, aprendí lo que es sentir a otro ser humano como parte vital de tu carne y alma.
No mentiré, con dos hijos se adquiere cierta tranquilidad, aunque parezca paradójico. Ya una no se puede tomar todo a la tremenda, por una elemental cuestión de sobrevivencia; pero igual se viven los temores irracionales, la preocupación constante, el desasosiego.
Entonces, ¿nos hace más vulnerables el hecho de ser madres? Por supuesto que en los días que corren, he pensado más sobre el tema. El mundo se sacude con las violencias que ejercen quienes tienen el poder y se creen por ello con el derecho de someter a los demás, incluso bombas mediante.
Lo señores de la guerra no conocen los rostros de las madres y de sus hijos, y tampoco les importan. “Daños colaterales”, se les suele llamar, en el lenguaje de la barbarie moderna.
En el soliloquio que establezco sobre el tema, llego a la conclusión de que sí, tener hijos nos hace débiles: tenemos menos autonomía, porque hay vidas que debemos y necesitamos cuidar, y que son más valiosas que la propia; y tememos más.
Y, no obstante, la maternidad provoca fortalezas insospechadas: ¿quién lucha con más fuerza que una madre?, ¿quién puede estar más dispuesta a todo que una madre que debe proteger a los suyos?
De nuestros hijos, cuando bien los queremos, nos nace el ímpetu para ponerle el pecho a cada desafío: no importan las carencias, los sacrificios, las madrugadas, el agotamiento; e, incluso, ¡maravilla!, podemos hacerlo con una sonrisa, con la felicidad de estarles construyendo la vida a quienes amamos sin condiciones.
Amar así es una prueba constante y un privilegio.
La fortaleza
La maternidad provoca fortalezas insospechadas: ¿quién lucha con más fuerza que una madre?, ¿quién puede estar más dispuesta a todo que una madre que debe proteger a los suyos?
en Exclusivo
17/01/2026
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