La oficina del licenciado Rafael Quetglas Pérez, metodólogo de Informática en la Casa del Educador de La Lisa, en La Habana, tiene lo típico de un lugar habitado por informáticos: cables y computadoras. Allí también nacen proyectos y se multiplican conocimientos.
Hace unos meses, Rafael decidió hacer un glosario de inteligencia artificial (IA) dirigido a los maestros. El motivo —afirma sin rodeos— fue la necesidad: "muchos términos de esta tecnología emergente les resultan difíciles de entender a un profesor o a un educando". Así nació un diccionario "con referencias científicas reales".
- Consulte además: Glosario de Términos de IA para el Aula
La pregunta obligada es si eso funciona en un aula real con treinta estudiantes. Rafael cree que sí, no obstante, aclara que el glosario no sustituye la explicación del docente, sino que la complementa.
Sobre la selección de las cien palabras, el metodólogo detalló que primero eligió "los términos desconocidos pero necesarios: deep learning, two shot o la propia inteligencia artificial, esa palabra que usamos sin saber qué significa realmente". Luego, incluyó otros que consideró relevantes. No hubo comité de expertos ni encuestas previas, fueron él, su computadora y la convicción de que la herramienta hacía falta.
Esa honestidad también supone un riesgo: un glosario construido desde un escritorio puede terminar siendo más útil para especialistas que para los maestros de base. Rafael lo reconoce y abre la puerta al desarrollo colectivo. Por eso, el glosario está alojado en Zenodo, una plataforma abierta y en la cual cualquier persona puede comentar, aportar y corregir.
Es válido aclarar que el glosario no es un simple PDF, en su versión interactiva incluye botones para cambiar el estilo de cita: APA 7, Vancouver o norma cubana. Para los docentes que elaboran investigaciones y pierden horas referenciando, ese detalle resulta especialmente útil.
Uno de los términos que más inquietud genera entre los docentes es el sesgo algorítmico que el entrevistado explica con un ejemplo: "si introduces evaluaciones de estudiantes en una inteligencia artificial mal entrenada, ella empieza a alucinar, o sea, trabaja con datos imaginarios". Ese es el miedo real de muchos maestros: entregarle la libreta de calificaciones a un sistema que a veces puede inventarse respuestas.
Sin embargo, la explicación plantea una pregunta incómoda: ¿cuántos maestros cubanos están entrenando inteligencias artificiales con evaluaciones? Rafael admite que el ejemplo puede parecer lejano para la realidad actual del aula cubana, pero insiste en que los docentes deben conocer estos riesgos porque la IA ya está en las escuelas, un contexto que para muchos está en tiempo futuro.
Este metodólogo no es alarmista, cree en las horas de estudio, esas en las que el docente que se sienta a aprender. Define su glosario como "una muleta, no una pierna nueva". La metáfora resume el alcance real del proyecto: "el glosario no va a alfabetizar digitalmente a nadie si no hay formación, acceso a internet o tiempo en la jornada laboral para capacitarse. Una herramienta, por sí sola, no construye nada".
Sobre los comentarios de sus colegas, Rafael se encoge de hombros. Ha recibido muchas valoraciones positivas y algunas negativas. El mejor comentario, dice, es "el del docente que buscó un término que no conocía, o que buscó uno que sí conocía pero no lo entendía y al final lo comprendió". Ese es, para él, el triunfo silencioso del glosario.
—¿La inteligencia artificial no volverá obsoleto este glosario en unos meses?
—La inteligencia artificial no lo va a desactualizar, va a enriquecerlo. La versión uno tiene cien términos; la versión 20 podría llegar a quinientos. Eso depende de cuántas personas se sumen al proyecto.
Por ahora, Rafael empuja solo, aunque confía en que la colaboración crecerá. Asimismo, considera que el impacto de la herramienta se mide en el uso cotidiano dentro de su institución. Le basta con que los docentes de la Casa del Educador de La Lisa manejen estos términos cuando escriban investigaciones. "No todos, porque ni yo los manejo todos", aclara. No hace falta estadística, dice. "Solo hace falta verlos trabajar".
La última pregunta intenta capturar una aspiración a largo plazo.
—Si dentro de diez años este glosario sobrevive en una sola idea que haya calado en el maestro cubano, ¿cuál le gustaría que fuera?
Rafael se ríe y dice que no es hombre de frases bonitas, que "no es pensativo así". Pero después de un silencio largo suelta: "Glosario generativo. No sé bien si sirve así". Quienes lo escuchan le responden que sí, que suena bien. Él niega con la cabeza y yo como periodista al fin, trato de buscarle lo reflexivo a su escueta definición.
"Generativo", pensé, es justo lo que el proyecto necesita para no morir. Que los maestros no solo lean las definiciones, sino que generen las suyas, aporten ejemplos reales desde sus aulas y que el glosario se convierta en un diálogo constante, no en un monólogo. Mi conversación interna llega a una conclusión cuando le agradezco por su tiempo: Rafael Quetglas es un metodólogo convencido de que la tecnología bien explicada deja de dar miedo. Su glosario es un primer paso y el resto depende de que los maestros lo usen, lo critiquen y lo enriquezcan.
- Consulte además: IA en CecilIA, un modelo de lenguaje cubano

Luisa María Cuevas
8/5/26 0:21
Maravilloso trabajo que ha realizado nuestro querido Rafael, nos ha permitido tener a nuestro alcance un glosario de términos para poder entender y profundizar nuestras investigaciones con conocimientos más sólidos
Rafael Jesús Quetglas Pérez
7/5/26 18:08
Agradezco profundamente a la periodista Elizaneth Carmona Fernández y a todo el equipo de CubaHora por la gentileza de publicar esta entrevista y por la oportunidad de compartir este glosario. Es un honor poder contribuir a la divulgación de la inteligencia artificial en nuestro país. Gracias por su profesionalismo y por dar visibilidad a estos temas tan necesarios. ¡Muy agradecido!
Términos y condiciones
Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.