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jueves, 23 de abril de 2026

La democracia no se defiende con bloqueos (+Video)

México, Brasil y España firmaron un compromiso histórico con Cuba: más ayuda humanitaria, rechazo a la injerencia y respeto al derecho internacional...

Redacción Cubahora en Exclusivo 22/04/2026
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Cuba no está sola
En apoyo a Cuba, los gobiernos de México, Brasil y España emitieron un comunicado conjunto el 18 de abril de 2026 durante la IV Reunión "En Defensa de la Democracia", con sede en Barcelona.

Quienes esperaban una cumbre más de discursos vacíos y fotos de familia se llevaron una sorpresa entre el 15 y el 18 de abril en Barcelona. La IV Reunión "En Defensa de la Democracia", que congregó a más de tres mil participantes de unos cuarenta países y cerca de veinte jefes de Estado o de Gobierno, no fue un evento menor. Y no lo fue, sobre todo, por lo que allí se dijo –y se firmó– sobre Cuba.

En un momento en que desde la Casa Blanca se escuchan cada vez con más frecuencia expresiones que rozan la injerencia abierta, la respuesta del progresismo internacional no fue tibia. Fue clara, escrita y vinculante en lo político, aunque falte por ver su traducción práctica.

El sábado 18 de abril, los gobiernos de México, Brasil y España emitieron un comunicado conjunto que, sin aspavientos, se convirtió en el respaldo más sólido que recibe Cuba en un foro multilateral desde hace años. Dicen los tres mandatarios que sienten una "enorme preocupación por la grave crisis humanitaria que atraviesa el pueblo de Cuba". Y no se quedan en la queja: se comprometen a "incrementar de manera coordinada nuestra respuesta humanitaria".

Eso, en el lenguaje diplomático, es un portazo a la indiferencia. Tres economías con peso en sus regiones se han puesto de acuerdo para coordinar envíos de ayuda. Medicinas, alimentos, quizás combustible. Todo lo que el bloqueo de Estados Unidos intenta estrangular, estos tres gobiernos se comprometen a facilitar.

El comunicado añade otro punto de máxima sensibilidad: el respeto al derecho internacional, la integridad territorial, la igualdad soberana y el arreglo pacífico de las controversias. Parecen frases hechas, lo sabemos. Pero cuando la administración estadounidense ha insinuado en más de una ocasión que el orden multilateral es un estorbo, que las reglas de la ONU son papel mojado, que el derecho internacional no puede frenar sus designios sobre el Caribe, entonces esas frases hechas se convierten en trincheras.

Claudia Sheinbaum, presidenta de México, fue más lejos que el papel. Propuso formalmente que el foro adoptara "una declaración en contra de la intervención militar en Cuba". No es un gesto retórico: es un freno diplomático de primera línea. Si la Casa Blanca evalúa alguna acción directa contra la nación caribeña, ahora sabe que al menos tres gobiernos tienen una posición pública, firmada y respaldada por una cumbre internacional. El costo político de ignorar esa advertencia es real.

Sheinbaum, además, supo conectar la defensa de Cuba con algo más profundo que la geopolítica. Dijo en su discurso: "Vengo de un pueblo que reconoce su origen en las grandes culturas originarias, aquellas que fueron acalladas, esclavizadas y saqueadas, pero que nunca fueron derrotadas". Esa memoria de la resistencia –la de los pueblos que dijeron no al colonialismo, no al saqueo, no al exterminio– es el suelo ético desde el cual México mira a Cuba. No es lástima. Es reconocimiento de una lucha común.

Luiz Inácio Lula da Silva, por su parte, no necesita presentación en Cuba. El presidente brasileño ha llamado "maldito bloqueo" al cerco estadounidense en más de una ocasión. En Barcelona, aunque sus palabras se centraron en la crisis del multilateralismo y en la urgencia de reformar el Consejo de Seguridad de la ONU, dejó clara su posición: las "decisiones unilaterales" de las grandes potencias vulneran el derecho internacional. Y no hay decisión unilateral más antigua y más dañina contra un país pequeño que el bloqueo a Cuba.

El anfitrión, Pedro Sánchez, inauguró la cumbre con una frase que bien podría resumir el espíritu del encuentro: "La democracia no puede darse por sentada". Y añadió que asistimos a "ataques al sistema multilateral, un intento tras otro de impugnar las reglas del derecho internacional y una peligrosa normalización del uso de la fuerza". 

Ahora, no todo es perfecto. No lo es nunca en la política real. Varios analistas señalaron desde Barcelona que el foro tiene límites evidentes. No hay mecanismos vinculantes. Una declaración no es un tratado. Un compromiso humanitario no significa, por ejemplo, la llegada de un cargamento de medicinas de forma urgente al puerto de La Habana. Es un proceso que lleva tiempo y muchos esfuerzos sobre los que hemos estado al tanto en los últimos meses. El foro reúne solo a gobiernos afines, a los ya convencidos. Difícilmente se convertirá en una herramienta de presión real sobre la Casa Blanca o sobre los países que sostienen el bloqueo. No obstante, la voz solidaria por Cuba es contundente, con un gran valor simbólico.

La señal que se envió desde Barcelona es clara: existe un bloque iberoatlántico progresista dispuesto a defender el multilateralismo y a proteger la soberanía de los países pequeños frente a las amenazas de la Casa Blanca. Y Cuba, sin ser parte formal del foro, se convirtió en tema necesario. 

El mundo progresista dijo con claridad que el bloqueo no es un asunto bilateral entre Cuba y Estados Unidos. Es una cuestión de principios. Y en materia de principios, no hay medias tintas.

 


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