Así cada año llegan cientos de jóvenes a la ceremonia de subir la escalinata de la Universidad de La Habana, un acto simbólico que da inicio al curso en la institución cubana de altos estudios.
Se ha hecho un esfuerzo impensable para traer desde distintas provincias a los estudiantes del primer año, que pronto se unirán los del segundo. Pero también ha sido grande el sacrificio para garantizar las condiciones mínimas de las residencias estudiantiles; buscar alternativas para movilizar alumnos y profesores hacia las aulas; reorganizar horarios y formas diferentes de enseñanza para que el conocimiento llegue con la más alta calidad posible.
Es un costo alto, sí, pero Cuba necesita a sus muchachos, sus profesionales. Que las universidades cubanas revivan es un claro desafío a quienes intentan apagarlas. Nunca antes fue tan importante retomar los estudios presenciales. Esta es nuestra lucha, la del saber sobre la ignorancia, la resiliencia sobre la precariedad, la necedad sobre la dominación.
Como la luz del sol llena todos los rincones, así se llenó la escalinata hoy. Llegaron jóvenes de todas partes, algunos con el asombro por verse por vez primera frente a la majestuosa Alma Mater o simplemente por saberse presentes en el mismo lugar donde ha transcurrido tanta historia patria, de esa que te sacude el gen cubano hasta la más fraccionaria parte de su codificación.
Llegaron nuestros muchachos, con la sed de conocimientos en sus miradas. Con la incertidumbre de cómo será el siguiente día, cierto, pero con el ímpetu de crecer, por ellos, por los suyos, por los nuestros. Desde Mella hasta el Alma en su cumbre ¡Es ese el camino!

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